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Transformación digital en los Best Tourism Villages: claves para innovar con criterio

Según Argentina.gob.ar, la Secretaría de Turismo de la Nación de Argentina ha puesto en marcha una iniciativa de capacitación y transformación digital destinada a fortalecer la competitividad de las localidades argentinas distinguidas por ONU Turismo.

actualizado 03 de septiembre de 2026

Transformación digital en los Best Tourism Villages: claves para innovar con criterio

La puesta en marcha importa a los gestores de destinos porque sitúa la innovación en la operativa cotidiana: no consiste únicamente en incorporar tecnología, sino en decidir qué necesita mejorar el territorio y cómo va a mantenerlo su equipo. Por eso, la pregunta útil no es solo qué herramienta se va a utilizar, sino qué cambio concreto se quiere conseguir y quién se va a responsabilizar de que ocurra.

Empezar por el problema, no por la herramienta

Sabemos lo difícil que es sacar tiempo para pensar con calma cuando el equipo está cargado de tareas. En momentos así, tendemos a buscar una solución rápida —una plataforma, una campaña, una nueva manera de comunicar— para sentir que avanzamos. Fíjate en que la innovación digital solo merece ese nombre cuando responde a una necesidad concreta del destino; de lo contrario, solo añade ruido y desgaste a personas que ya están haciendo un esfuerzo considerable.

La información disponible identifica la iniciativa como un proceso de capacitación y transformación digital, pero no concreta en el resumen recibido qué herramientas, contenidos o alcance tendrá. Por tanto, antes de pedir más formación, el equipo debería tener claro qué está intentando mejorar. ¿La competitividad significa facilitar el acceso a la información, ordenar la presencia digital, mejorar la coordinación interna o resolver otro problema? No hace falta responder con una frase de marketing turístico; hace falta señalar una situación que el equipo pueda reconocer en su día a día.

Después, conviene convertir esa situación en una decisión práctica. Por ejemplo: quién recibe la información, qué proceso se modifica, qué aprendizaje debe quedar dentro del destino y qué evidencia permitirá saber si el cambio ha servido. Esta sencilla alineación evita que la formación se convierta en una experiencia individual que termina cuando vuelve cada persona a su puesto.

La tecnología también necesita cuidado y escucha

Un destino no se transforma digitalmente por decreto ni porque todo el mundo descargue la misma aplicación. La tecnología tiene que entrar en las relaciones, los horarios y las decisiones de quienes mantienen la actividad turística. Si el conocimiento queda en una sola persona, existe un riesgo claro de discontinuidad cuando cambia el equipo, aumenta la rotación o surge una urgencia. Por eso, antes de desplegar nada, escucha activamente a quienes van a utilizar la nueva forma de trabajar.

No diseñes el proceso únicamente desde una oficina. Pregunta dónde se pierde el tiempo, qué información se repite, qué decisiones se retrasan y qué parte del trabajo depende de la memoria de alguien. Esas respuestas son más valiosas que una lista de funcionalidades, porque muestran dónde puede aparecer el retorno de la transformación. También permiten detectar si la resistencia procede de una falta de tiempo, de una mala experiencia previa o de una propuesta que no encaja con la realidad del territorio.

El equipo necesita, además, una mínima arquitectura de cuidado: una persona que impulse el proceso, otra que tome las decisiones operativas y un espacio donde compartir dudas y avances. La coordinación no debe convertirse en otra capa de reuniones, pero sí tiene que dejar claro qué se espera de cada persona. Sin esa distribución, la iniciativa puede generar actividad aparente y poco recorrido.

Lo que conviene pedir para que haya recorrido

Como la información facilitada no detalla todos los elementos del programa, los gestores deberían aprovechar la próxima conversación para formular preguntas precisas. ¿Qué localidades forman parte de la iniciativa? ¿Qué perfiles participan? ¿Qué objetivo se ha fijado para cada una de ellas? ¿Cómo se relaciona la capacitación con la transformación digital y con la competitividad del destino? ¿Qué ocurre después de la formación?

También conviene pedir un resultado que pueda observarse más allá de la asistencia: una mejora en un proceso, una decisión tomada con mayor rapidez, un contenido actualizado o un aprendizaje compartido. Y, sobre todo, una persona de referencia a la que acudir cuando termine la capacitación. Una transformación digital necesita tiempo de asimilación; no es razonable pensar que el cambio termina en el momento en que se completa una actividad formativa.

Mi consejo es que no confundas el comienzo con el avance. La innovación empieza a tener valor cuando el equipo sabe qué ha cambiado, por qué y cómo va a sostenerlo. Lleva a la reunión tres preguntas: qué problema queremos resolver, quién va a hacerlo posible y qué comprobaremos dentro de unos meses. Si esas respuestas están claras, la iniciativa tendrá una dirección mucho más sólida que si se queda en una enumeración de herramientas o conceptos.

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