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Certificaciones de turismo sostenible según tu destino
Desarrollo de Destinos

Certificaciones de turismo sostenible según tu destino

Las certificaciones de turismo sostenible para destinos se han convertido en una especie de pasaporte moral.

Un municipio obtiene un sello, publica una fotografía con una placa brillante y, por alguna razón, el problema de la movilidad desaparece de la nota de prensa. También la vivienda. Y los residuos. Y la presión sobre el agua.

La realidad es menos fotogénica: una acreditación no transforma por sí sola un territorio. Sirve para ordenar la gestión, fijar indicadores, someterse a una auditoría y demostrar avances con algo más sólido que una campaña de comunicación. Pero cada sistema parte de una lógica distinta. No evalúa lo mismo un espacio natural protegido que una ciudad patrimonial, un destino rural de baja densidad o un litoral sometido a saturación estacional.

Elegir certificación sin definir antes qué problema quiere resolver el destino es una forma bastante sofisticada de comprar un marco vacío. La pregunta no es qué sello luce mejor en la web municipal. La pregunta es qué sistema puede obligar a la organización gestora a medir, corregir y rendir cuentas sobre el territorio real.

Primero, una precisión incómoda: el GSTC no es una pegatina más

Los Criterios del Consejo Global de Turismo Sostenible —GSTC— funcionan como uno de los principales marcos internacionales para evaluar la sostenibilidad de los destinos. Su estructura se organiza en cuatro pilares:

  • gestión sostenible del destino;
  • impactos socioeconómicos;
  • impactos culturales;
  • impactos ambientales.

La arquitectura parece razonable, incluso obvia. Precisamente por eso se incumple con tanta frecuencia. Muchos destinos hablan de sostenibilidad como si fuera sinónimo de eficiencia energética en los hoteles o de promoción del turismo de naturaleza. El GSTC obliga a ampliar la mirada: gobernanza, empleo, tejido empresarial, acceso de la población local a los beneficios, conservación del patrimonio, uso del suelo, agua, residuos, emisiones y capacidad de carga.

No se trata únicamente de si existe una ruta interpretativa o si el ayuntamiento ha instalado papeleras de reciclaje. Se trata de saber quién decide, con qué información y con qué consecuencias.

Los criterios GSTC para destinos pueden servir como referencia para construir un sistema de gestión o para evaluar programas de certificación. Esto es distinto de afirmar que el GSTC sea una certificación única y obligatoria para todos los municipios. No existe una acreditación mundial universal que resuelva, por decreto, la sostenibilidad turística de cualquier territorio. La adhesión a estos esquemas es voluntaria y cada programa tiene su metodología, sus auditorías y sus condiciones.

Un destino no se vuelve sostenible cuando consigue un sello. Se vuelve más serio cuando acepta medir aquello que preferiría seguir describiendo con adjetivos.

La diferencia es decisiva. Un reconocimiento basado en una memoria institucional y unas buenas intenciones puede ser útil como punto de partida, pero no equivale a un sistema que audita resultados, revisa evidencias y exige continuidad.

Qué debería resolver cada certificación

Antes de comparar nombres, conviene formular el problema de gestión. Un destino maduro no necesita el mismo instrumento que un municipio que está empezando a ordenar su política turística. Tampoco afronta las mismas tensiones una comarca rural que una capital histórica con alquileres tensionados y visitantes concentrados en tres calles.

Una orientación inicial podría ser esta:

Necesidad principal del destinoMarco o certificación más adecuadoPor qué puede encajar
Crear una base común de gobernanza y sostenibilidadCriterios GSTCOrdenan la gestión en cuatro dimensiones y permiten detectar lagunas
Integrar la política turística con los ODSBiosphereVincula la gestión territorial con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y mantiene un proceso continuo
Someter el destino a una evaluación amplia y estructuradaGreen DestinationsTrabaja con 100 criterios e indicadores estandarizados
Gestionar turismo en un espacio natural protegido europeoCarta Europea de Turismo SostenibleEstá diseñada específicamente para la relación entre conservación, visitantes y actores locales
Medir con rigor la huella ambiental y los consumosEarthCheckAudita emisiones, energía, agua y residuos, entre otras áreas
Comparar avances con una lógica internacionalGSTC, Green Destinations o EarthCheck, según el alcancePermiten trabajar con marcos reconocibles fuera del ámbito local

La tabla no sustituye a un diagnóstico. Solo evita el error más habitual: escoger el sistema por notoriedad de marca y descubrir después que sus indicadores no responden a la principal fricción del destino.

Biosphere: una puerta de entrada ordenada, no un salvoconducto

Biosphere plantea la sostenibilidad como un proceso de gestión territorial vinculado a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Su programa para destinos se desarrolla de manera completamente digital, con seguimiento continuo y auditoría externa.

Su principal virtud está en la capacidad de traducir una conversación demasiado abstracta —qué significa ser un destino responsable— a una agenda de compromisos que puede distribuirse entre áreas municipales, empresas y entidades del territorio. El turismo deja de aparecer como un departamento aislado y se relaciona con movilidad, empleo, igualdad, consumo, conservación, cultura y participación.

Esta integración resulta especialmente útil en municipios pequeños y medianos que necesitan una estructura para coordinar políticas dispersas. En muchos destinos, el área de turismo promociona una cosa, urbanismo autoriza otra, medio ambiente intenta compensar una tercera y movilidad llega tarde, cuando el visitante ya ha ocupado todas las plazas de aparcamiento. Biosphere puede ayudar a construir un lenguaje común y una secuencia de trabajo.

Pero aquí aparece el matiz que suele desaparecer en los folletos: vincularse a los ODS no significa cumplir los ODS. La mera correspondencia entre una acción municipal y un objetivo global no demuestra que la acción tenga una escala suficiente, que produzca resultados o que resuelva un conflicto territorial.

Instalar cargadores eléctricos puede contribuir a una política climática. No resuelve por sí solo la dependencia del vehículo privado si el modelo de acceso, los horarios y la oferta de transporte siguen diseñados para el coche. Promover producto local puede favorecer la economía de proximidad. No garantiza que el gasto turístico llegue a los productores si la comercialización continúa concentrada en grandes intermediarios.

Biosphere encaja bien cuando el destino necesita:

1. ordenar su estrategia de sostenibilidad alrededor de una agenda transversal;

2. implicar a empresas y agentes locales en un proceso compartido;

3. mantener una revisión continua en lugar de producir un documento que envejece en una estantería;

4. comunicar avances con un marco reconocible para residentes, empresas y visitantes.

Su debilidad aparece cuando la organización gestora busca un sello rápido para acompañar una campaña de promoción. La metodología puede ordenar el trabajo, pero no reemplaza la voluntad política de abordar la saturación, la precariedad laboral o la presión inmobiliaria. Ningún formulario digital va a resolver la gentrificación turística si el destino no quiere mirar el precio de la vivienda.

Qué preparar antes de solicitarlo

Un municipio que opte por Biosphere debería llegar al proceso con tres elementos bastante menos glamourosos que un vídeo promocional:

  • un inventario de políticas y programas ya existentes;
  • una persona o equipo responsable de coordinar evidencias, plazos y áreas municipales;
  • un sistema básico de indicadores que permita distinguir actividad de impacto.

La diferencia entre ambas cosas es enorme. Contar cuántas jornadas se han celebrado mide actividad. Saber si esas jornadas han cambiado prácticas empresariales, reducido conflictos o mejorado la distribución territorial de los flujos empieza a medir impacto.

Green Destinations: cuando la amplitud exige capacidad técnica

Green Destinations cuenta con la acreditación del GSTC para certificar destinos mediante una evaluación frente a 100 criterios e indicadores estandarizados. Es una propuesta más exigente en términos de amplitud: obliga a revisar múltiples dimensiones de la gestión y a demostrar que el destino dispone de políticas, procedimientos y resultados verificables.

La cifra de 100 criterios tiene una ventaja evidente: reduce el margen para esconderse detrás de dos o tres iniciativas vistosas. Un destino puede tener un excelente programa de conservación del patrimonio y, al mismo tiempo, carecer de una política coherente de movilidad, no conocer el consumo hídrico de su actividad turística o permitir que la economía local pierda capacidad de decisión. La sostenibilidad territorial no funciona por compensación retórica. Una buena práctica no borra automáticamente cinco problemas estructurales.

Green Destinations puede resultar adecuado para destinos que quieren realizar una evaluación extensa y hacer visible su desempeño en un marco internacional. También puede ser útil para territorios que necesitan comparar su evolución en el tiempo y construir una agenda de mejora con criterios relativamente homogéneos.

Sin embargo, cien indicadores no equivalen a cien soluciones. La proliferación de métricas puede convertirse en una burocracia de la evidencia: documentos, actas, memorias, capturas de pantalla y declaraciones institucionales que demuestran que se ha hablado mucho sobre un asunto sin demostrar que el asunto haya mejorado.

La clave está en separar tres niveles:

  • Existencia: hay una estrategia, una ordenanza o un programa.
  • Aplicación: la medida se ejecuta con presupuesto, responsables y calendario.
  • Resultado: el indicador territorial cambia en la dirección prevista.

Un destino que solo puede demostrar el primer nivel todavía no está gestionando sostenibilidad. Está gestionando documentos sobre sostenibilidad.

¿Biosphere o Green Destinations?

La comparación entre Biosphere y Green Destinations no debería plantearse como un concurso de popularidad. Ambos pueden ofrecer un marco útil, pero responden a prioridades diferentes.

Biosphere suele ser una vía clara para integrar la sostenibilidad en la estrategia general del destino y conectar la gestión turística con los ODS. Green Destinations aporta una evaluación estructurada frente a un conjunto amplio de criterios e indicadores, con una orientación especialmente útil para destinos que quieren revisar su desempeño con mayor detalle técnico.

La elección depende de la madurez de la organización. Un destino sin sistema de gobernanza, sin responsables internos y sin datos básicos puede sentirse abrumado ante una evaluación extensa. Otro que ya dispone de planes sectoriales, observatorio turístico y equipos técnicos quizá necesite precisamente una revisión más exigente, capaz de encontrar las costuras que la gestión cotidiana ha ido ocultando.

En ambos casos, la certificación debería integrarse en el ciclo presupuestario. Si los indicadores no influyen en las inversiones, en la regulación de los usos turísticos o en la distribución de los flujos, se convierten en un apéndice ornamental.

La Carta Europea de Turismo Sostenible: el territorio antes que el escaparate

La Carta Europea de Turismo Sostenible —CETS—, promovida por la Federación EUROPARC, es un método y un compromiso voluntario específicamente concebido para la gestión turística en espacios naturales protegidos de Europa.

Su enfoque parte de una tensión legítima: los espacios protegidos necesitan conservar sus valores naturales y, al mismo tiempo, pueden beneficiarse de una actividad turística que genere empleo, educación ambiental y apoyo social a la conservación. El turismo no es automáticamente el enemigo. Tampoco es automáticamente la solución. Depende de cómo se gobierne, qué límites se establezcan y quién capture el valor generado.

La CETS tiene sentido cuando el destino está articulado alrededor de un parque nacional, parque natural u otro espacio protegido y necesita construir una relación estable entre gestores, empresas, población residente, entidades conservacionistas y visitantes. No se limita a vender naturaleza. Obliga a discutir qué usos son compatibles, qué zonas soportan determinados flujos y cómo se reparte la responsabilidad de conservar.

En estos territorios, la capacidad de carga turística no puede reducirse a una cifra fija de visitantes al día. La presión depende de la época del año, el tipo de actividad, la sensibilidad del ecosistema, la duración de la estancia, el comportamiento del visitante y la concentración espacial. Mil personas repartidas en varios senderos no generan el mismo impacto que mil personas acumuladas en un mirador estrecho durante dos horas.

La gestión necesita combinar:

  • aforos o reservas cuando el espacio lo requiera;
  • información previa que modifique comportamientos, no solo mapas bonitos;
  • alternativas territoriales y temporales para desconcentrar los flujos;
  • seguimiento de erosión, residuos, ruido, fauna y conflictos de uso;
  • acuerdos verificables con empresas y comunidades locales.

La CETS es especialmente pertinente para destinos rurales y naturales que no quieren convertir la conservación en una escenografía para el visitante. Su ámbito es más específico que el de otros programas y, por eso mismo, puede ser más útil. La especialización no es una carencia cuando el problema está claramente definido.

El riesgo aparece cuando el espacio protegido se utiliza como marca turística y la carta se interpreta como permiso para crecer sin límites. Una ruta de senderismo no es una tubería por la que se pueda bombear demanda indefinidamente. El paisaje también tiene umbrales, aunque no aparezcan en la presentación comercial.

En un espacio protegido, la pregunta no es cuántos visitantes caben. Es qué tipo de visita puede soportar el territorio sin dejar de ser reconocible para quienes lo habitan y para aquello que se pretende conservar.

EarthCheck: menos relato, más contabilidad ambiental

EarthCheck trabaja con una orientación especialmente centrada en la medición y auditoría del desempeño ambiental. Su programa para destinos y empresas se basa en los principios de la Agenda 21 y contempla áreas como emisiones de gases de efecto invernadero, eficiencia energética, gestión del agua y residuos.

Su origen se remonta a 1987 en Australia, y cuenta con una trayectoria internacional amplia. La organización señala más de 1.500 entidades certificadas en 70 países. Además, EarthCheck obtuvo el reconocimiento o acreditación del GSTC en 2017.

Este enfoque resulta valioso para destinos que han superado la fase de las declaraciones generales y necesitan saber cuánto consumen, dónde pierden recursos y qué evolución presentan sus impactos. En el debate turístico abundan las palabras crecimiento, resiliencia y regeneración. Escasean, en cambio, las series homogéneas sobre agua, energía, emisiones y residuos que permitan tomar decisiones incómodas.

Un municipio no puede gestionar lo que no conoce. Y conocer no significa reunir una cifra aislada en el informe anual. Significa establecer una línea base, definir el perímetro de medición, actualizar los datos con una frecuencia razonable y relacionarlos con variables turísticas: pernoctaciones, plazas, estacionalidad, movilidad, eventos y ocupación.

El consumo hídrico, por ejemplo, debería analizarse en un destino costero con fuerte estacionalidad de manera distinta que en una comarca interior con problemas estructurales de abastecimiento. Un dato agregado puede ocultar el conflicto. El consumo total quizá no aumente, pero sí puede concentrarse en los meses de menor disponibilidad o en zonas donde la red ya trabaja al límite.

La medición ambiental también debe evitar un espejismo frecuente: reducir la huella por unidad de visitante mientras crece la huella total porque llegan muchos más visitantes. La eficiencia es necesaria, pero no siempre compensa el aumento de escala. Un destino puede consumir menos agua por estancia y, aun así, agotar sus recursos durante los picos de demanda.

EarthCheck encaja mejor cuando el destino dispone de capacidad técnica para recopilar información y convertirla en decisiones. Si los datos se recogen solo para superar una auditoría, el sistema se vuelve caro y estéril. Si se integran en la planificación de inversiones, en la gestión de suministros y en la regulación de la actividad, pueden cambiar la conversación interna del destino.

La gobernanza decide el valor real del sello

Las certificaciones de sostenibilidad turística suelen describirse como instrumentos técnicos. Lo son, pero solo hasta cierto punto. El problema principal de muchos destinos no es la ausencia de conocimiento, sino la fragmentación de responsabilidades.

La oficina de turismo puede detectar que un casco histórico está saturado. El área de movilidad puede observar el colapso de los accesos. Los residentes pueden sufrir el ruido nocturno. Los comercios pueden depender de una temporada cada vez más corta. El gestor del patrimonio puede alertar del desgaste físico de los monumentos. Si ninguna de esas señales entra en una mesa de decisión con autoridad, el destino seguirá produciendo informes y agravando el problema.

Una certificación útil debería ayudar a responder preguntas de poder, no solo preguntas de procedimiento:

  • ¿Quién decide el límite de visitantes en un espacio sensible?
  • ¿Qué área municipal tiene capacidad para hacer cumplir esa decisión?
  • ¿Cómo participa el tejido local y qué capacidad real tiene para modificar el plan?
  • ¿Qué datos se publican y cuáles quedan encerrados en la administración?
  • ¿Qué ocurre cuando el crecimiento turístico entra en conflicto con la vivienda?
  • ¿Cómo se reparte el coste de la conservación?
  • ¿Qué indicadores pueden activar una corrección de rumbo?

Aquí conviene desconfiar de la participación entendida como una ronda de reuniones sin capacidad vinculante. Convocar a los agentes locales para presentarles una estrategia ya cerrada no es gobernanza. Es escenografía administrativa.

La certificación debe incorporar mecanismos de revisión y responsabilidades explícitas. No basta con afirmar que el destino cuenta con un plan de sostenibilidad. Hay que saber quién lo ejecuta, con qué presupuesto y qué sucede si no se cumplen los objetivos.

Un plan de trabajo razonable

Para un municipio que quiera empezar sin convertir el proceso en otra consultoría interminable, la secuencia puede ser relativamente sencilla:

1. Delimitar el destino real. No siempre coincide con el término municipal. Los visitantes, los trabajadores, las aguas, los residuos y los desplazamientos no respetan fronteras administrativas.

2. Identificar las tensiones principales. Saturación, agua, vivienda, movilidad, empleo, patrimonio, pérdida de comercio local o dependencia de un único mercado.

3. Elegir pocos indicadores iniciales, pero sólidos. Es preferible una serie útil de datos comparables que un catálogo de métricas imposibles de actualizar.

4. Asignar responsables. Cada objetivo debe tener un área, una persona coordinadora y un calendario.

5. Escoger el marco de certificación después del diagnóstico. El sello debe adaptarse al problema, no al revés.

6. Presupuestar la mejora. Auditoría, recopilación de datos, participación y ejecución de medidas tienen costes. Ocultarlo no hace más barato el proceso.

7. Publicar avances y retrocesos. La credibilidad aumenta cuando el destino reconoce lo que todavía no ha resuelto.

8. Revisar el modelo de promoción. No tiene sentido certificar la gestión y continuar captando demanda que el territorio no puede absorber.

Esta última fase suele ser la más delicada. La promoción turística puede neutralizar cualquier avance de la gestión si insiste en concentrar visitantes en los mismos lugares, fechas y productos. Seguir vendiendo el destino como antes, pero con un sello nuevo, no es transición. Es maquillaje con auditoría.

La alianza TSCA y la batalla contra el greenwashing

En enero de 2025 se anunció la creación de la Tourism Sustainability Certifications Alliance, una alianza formada por organizaciones globales de certificación del sector turístico con el propósito de establecer estándares comunes y combatir el greenwashing.

La iniciativa responde a una dificultad que ya afecta a gestores, empresas y viajeros: la proliferación de sellos con metodologías desiguales, niveles de exigencia difíciles de comparar y mensajes comerciales que presentan como equivalentes sistemas muy distintos.

La existencia de una alianza sectorial puede mejorar la coherencia y facilitar la comprensión del mercado. También puede ayudar a distinguir entre una certificación con evaluación externa, un programa de adhesión, una autoevaluación o un distintivo comercial. No son instrumentos intercambiables, aunque a menudo aparezcan juntos en la misma página web.

Para un destino, la pregunta relevante no es solo si un sello tiene reconocimiento internacional. También debe examinar:

  • qué entidad realiza la auditoría;
  • qué evidencias se solicitan;
  • con qué periodicidad se revisa el cumplimiento;
  • si se evalúan resultados o únicamente la existencia de políticas;
  • qué ocurre cuando el destino deja de cumplir;
  • si los criterios son públicos y comprensibles;
  • cómo se gestionan los conflictos de interés;
  • qué parte del proceso corresponde a mejora continua y cuál a comunicación.

La armonización puede reducir el ruido, pero no elimina la responsabilidad del territorio. Un estándar común no puede conocer por sí solo las tensiones específicas de un barrio, una cuenca hidrográfica o una comunidad rural. La comparabilidad ayuda; la contextualización decide.

Cómo elegir sin convertir la certificación en una campaña

La elección debería partir de una matriz sencilla: problema principal, capacidad de gestión, disponibilidad de datos, escala territorial y objetivo político. No hace falta crear un comité para escoger el comité, aunque el sector turístico tiene una sorprendente habilidad para hacerlo.

Si el destino está empezando

Un municipio que carece de una estrategia transversal puede comenzar utilizando los criterios GSTC como marco de diagnóstico. Le permitirán detectar si la conversación está demasiado centrada en promoción y demasiado poco en vivienda, empleo, cultura o impactos ambientales.

Biosphere puede encajar como sistema para organizar compromisos y conectar departamentos y empresas con los ODS. El valor estará en la coordinación, no en la fotografía de la entrega.

Si el destino ya tiene estructura técnica

Un destino con observatorio, planes sectoriales, datos ambientales y capacidad de seguimiento puede aprovechar una evaluación más amplia como la de Green Destinations. El objetivo debería ser encontrar puntos ciegos y establecer una hoja de mejora verificable.

EarthCheck tendrá mayor sentido si la prioridad es consolidar una contabilidad ambiental rigurosa. No es la opción más lógica para quien todavía no sabe quién tiene los datos de consumo energético de los equipamientos turísticos.

Si el territorio depende de un espacio protegido

La CETS puede ofrecer el encaje más natural cuando la conservación es el núcleo del modelo y existe una estructura de cooperación entre gestores del área protegida, empresas y comunidad local.

No conviene, en cambio, utilizarla como una simple herramienta de promoción de naturaleza. La carta debe servir para gobernar los usos y limitar los impactos, incluso cuando eso implique renunciar a una parte de la demanda.

Si el objetivo principal es atraer demanda cualificada

La certificación puede reforzar el posicionamiento, pero no debería ser el punto de partida. La demanda cualificada no se construye acumulando sellos, sino demostrando coherencia: movilidad razonable, empresas locales activas, patrimonio cuidado, experiencias bien dimensionadas y una relación aceptable entre visitante y residente.

El mercado acabará preguntando por evidencias. Y cuando lo haga, un destino con un sello sin indicadores públicos tendrá poco más que un argumento decorativo.

La sostenibilidad empieza cuando el destino acepta crecer menos

Las certificaciones de turismo sostenible para destinos son útiles porque obligan a hacer visible la gestión. Permiten ordenar criterios, comparar avances, someter decisiones a auditoría y abandonar parte del lenguaje vaporoso que ha dominado la promoción territorial durante demasiado tiempo.

Pero no son una vacuna contra la mala planificación. GSTC aporta una estructura sólida alrededor de gestión, socioeconomía, cultura y medio ambiente. Biosphere ayuda a vincular la estrategia con los 17 ODS y mantener un proceso continuo. Green Destinations propone una evaluación frente a 100 criterios e indicadores. La CETS está pensada para la gestión turística de espacios naturales protegidos. EarthCheck ofrece una orientación especialmente rigurosa sobre consumos, emisiones, agua y residuos. Cada herramienta tiene sentido cuando responde a una necesidad concreta.

La decisión sensata no consiste en buscar el sello más prestigioso, sino el que pueda cambiar las decisiones del destino. Si la certificación no afecta al urbanismo, a la movilidad, a la vivienda, al presupuesto, a la capacidad de carga o a la distribución de los flujos, su utilidad será limitada.

Y hay una advertencia que conviene dejar escrita antes de que vuelva la temporada alta: un destino no puede promocionar indefinidamente aquello que su sistema territorial no puede soportar. Llegará un momento en que la saturación dejará de ser una externalidad y se convertirá en el producto principal. Para entonces, ninguna acreditación podrá certificar la paciencia de los residentes ni recuperar un tejido local expulsado.

La sostenibilidad real empieza cuando el destino está dispuesto a medir sus límites y actuar en consecuencia. Incluso cuando la decisión menos popular sea, precisamente, vender menos.

Preguntas frecuentes

¿Qué son los criterios GSTC para destinos?
Son un marco internacional para evaluar la sostenibilidad de los destinos mediante cuatro pilares: gestión sostenible, impactos socioeconómicos, impactos culturales e impactos ambientales. También pueden servir para construir sistemas de gestión o evaluar programas de certificación.
¿Es el GSTC una certificación obligatoria para todos los municipios?
No. El GSTC no es una acreditación mundial única y obligatoria; la adhesión a estos esquemas es voluntaria y cada programa establece su propia metodología, auditorías y condiciones.
¿Qué aporta la certificación Biosphere a un destino turístico?
Biosphere vincula la gestión territorial con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y ofrece un proceso completamente digital, con seguimiento continuo y auditoría externa. Puede ayudar a coordinar políticas de turismo, movilidad, empleo, igualdad, consumo, conservación, cultura y participación.
¿En qué se diferencia Green Destinations de Biosphere?
Biosphere suele centrarse en integrar la sostenibilidad en la estrategia general del destino y conectarla con los ODS. Green Destinations realiza una evaluación estructurada frente a 100 criterios e indicadores estandarizados, con una orientación más amplia y técnica.
¿Cuándo es adecuada la Carta Europea de Turismo Sostenible?
Está específicamente concebida para la gestión turística en espacios naturales protegidos de Europa. Es adecuada cuando el destino necesita coordinar la conservación, los visitantes, las empresas, la población residente y otros actores locales.
¿Qué aspectos ambientales audita EarthCheck?
EarthCheck trabaja especialmente con la medición y auditoría de emisiones de gases de efecto invernadero, eficiencia energética, gestión del agua y residuos, entre otras áreas. Su utilidad es mayor cuando el destino dispone de capacidad técnica para recopilar datos y convertirlos en decisiones.

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